martes, 29 de abril de 2014

Carta XIV

11/Jun/01


XIV



Frankfurt-Freiburg-Luzerna-Zurich




Hoy cumplimos dos semanas desde que llegamos a tierras Europeas. Esta mañana iniciamos el tour con gente nueva. Extrañaremos sin duda a nuestros viejitos, aunque quedan algunos conocidos. Sin duda, la ausencia de Antonio es la que más echaremos en falta.

Y al ser estos días impresionantemente llenos de carretera, es más agudo el cambiar de vecinos en el camión. Lo bueno es que ha quedado más espacio dentro, mucho más. Tanto, que cada uno de nosotros cuatro se cambió de lugar y ya tenemos cada quien dos asientos. Tras catorce días, es un alivio no ver todo el día la cara de Manuel a mi lado. Ahora podré estirar las piernas, leer sin que me estén preguntando qué estoy leyendo y mejor aún, escribir con privacidad. Aunque no lo creas, escribir con privacidad es una de las cosas más difíciles de lograr. Apenas la gente ve que escribes algo que sale de ti e inmediatamente van todos a meterse.

Nos despedimos muy temprano de Frankfurt. Hoy fue una mañana lluviosa y con algo de niebla. Parecía que iba a ser un día típico europeo en cuanto al clima se refiere, pero cerca de las once salió el sol con toda su potencia.

Antes del mediodía entramos a Freiburg, la última ciudad alemana que visitaremos. Es demasiado pequeño, pero con una inmensa catedral. Gótica también, con sus vitrales policromados, impresionantes. La catedral absorbió nuestra atención, la estudiamos por dentro y por fuera y el tiempo sin darnos cuenta se nos esfumó. Aunque hay que decir que el resto de la ciudad no ofrece mucho. Pues es todo demasiado moderno, por lo que te conté de la guerra.

Quizá te moleste un poco o te llame la atención que te hable tanto de Catedrales, pero en cada ciudad, es el punto de partida en varios aspectos. Dependiendo del estilo en el que esté construida la catedral, así será la arquitectura de cada ciudad. Casi todas las ciudades se comenzaron a construir a partir de sus Catedrales, así que también serán las partes más interesantes y antiguas por visitar. La Catedral va a regir muchas cosas y por eso es lo que primero visitamos siempre.



Una vez fuera de la Catedral, nos dimos cuenta que un olor muy exquisito, llamativo y provocador, entraba por nuestros delicados y finos orificios nasales. Eran salchichas alemanas. Rojas, gordas, grandes, dobladas, llenas de grasa, doradas, sudorosas, masticables. Nuestro estómago, también delicado y fino, comenzó a emitir sonidos extraños y a dirigirse al puesto de aquellas salchichas en contra de nuestra voluntad. Aquello para nuestro sentido gustativo, muy fino y delicado, dicho sea de paso, fue algo incontrolable. De modo que nos acercamos al puesto y pedimos y pedimos. Yo, que como poco, pedí por tercera vez, al igual que Andrés… y no es rima.



Comidos, llenos y contentos, regresamos al camión. Llegó el momento de los paisajes germánicos. Bosques, cielos, algunas precipitaciones. Como imágenes de tan imposibles rompecabezas y con lo caros que son, pues así se nos ofreció la vista.

Cruzábamos los Alpes, llenos de pinos. Pinos verdes, claro. Niebla en los picos de las montañas. La panorámica era espectacular. Tuve que decidir entre ver el paisaje y el espectáculo cabeceador entre Adrián y Andrés, este último con la boca abierta. O la sinfonía ronquídica de Manuel, porque lo hace con verdadero ritmo.

La vista era inmejorable. Más porque el sol, ante la ausencia de nubes, alumbraba todo y se podían ver más montañas que de costumbre, según palabras de la guía. El color tan blanco de la nieve de montaña, resplandecía y llamaba la atención de quienes estábamos despiertos. Me quedé apreciando el blanco de la nieve, tan lejana y tan alta, allá lejos en la montaña, con calma, con paz, limpiando mi tan oscura conciencia.

Tantos días ya con sus caminatas, sus levantadas a horas tan crueles, las crudas mal curadas y la tensión de visitar tantos lugares en tan poco tiempo, provoca que el dormir en el camión sea increíblemente fácil. Suelo batallar mucho para dormir. Tanto en mi cama como en cualquier lado. Conciliar el sueño me es tarea difícil. Aquí, me siento en el camión y duermo de inmediato. En el hotel es igual y a todos les sucede lo mismo. Es más difícil mantener los ojos abiert zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz abiert aaaaaaaajjjuummmm abiertos, que dormidos… digo que cerrados.



La frontera suiza nos recibió con amabilidad. Confieso que estaba algo nervioso porque Suiza no pertenece a la Comunidad Económica Europea y se manejan distinto. Con mi pleito a muerte con migración, comencé a imaginarme cosas negaticas, pero ni nos pelaron cuando cruzamos la separación de ambos países. El chofer saludó al policía de migración que con un saludo de cabeza nos permitió seguir nuestro camino sin saber quién venía o quién dormía o quién callaba.

Después de pasar por la Selva Negra, que no tiene nada ni de selva ni de negra, llegamos a Luzerna. Según dicen, es la ciudad más bonita del pequeño país suizo. Y probablemente lo es con sus pequeñas y muy antiguas calles. Extremadamente limpio. Un enorme lago brilloso en el que nadan patos y cisnes. Al fondo, el Monte Pilatos, que es una enorme montaña cubierta de nieve y que se encuentra a las orillas del lago, que provoca su reflejo en el mismo. Palomas, decenas de palomas, por doquier, aunque de cuando en cuando atacan al despistado de Andrés.

También hay un río, al que lo cruzan cuatro puentes. Dos muy antiguos de madera y otros dos, no tan antiguos, de hierro. Cruzamos los cuatro puentes nada más por no dejar, a manera de zig zag. El cielo blanquiazul, algo nublado y un frío agradable. Suiza.



Seguimos paseando. Nos estusiamó mucho el lugar. En una tienda lujosa, encontramos colgando un letrero que decía en diferentes idiomas:

"La mujer necesita de cuatro animales para ser feliz: Un Bisonte en el cuello; Un Jaguar en la cochera; un Tigre en la cama y un Burro que se lo pague todo"

Aunque pícaro, me pareció tonto exponerlo ahí. Porque está en la puerta de una tienda para mujeres. Si yo voy con mi novia o esposa a una tienda con un letrero así, cuernos que entro, menos con ella y mucho menos que le compro algo.

Bueno, en fin, no importa. Sólo que llamó mi atención.

Después de 5 horas de caminatas, tuvimos que regresar al camión. Debo decirte que Luzerna ha sido por mucho uno de los lugares que más me ha gustado de este viaje, junto a París y Brujas. Lástima de tan poco tiempo que nos dieron para conocerlo. Ya instalados en nuestro asiento: dormir y leer, leer y dormir. Y paisaje, claro.

Entramos a Zurich. Llegamos muy noche y venimos directo al hotel. Manuel ya duerme y seguro entre sueños espera ansioso a que acabe de escribirte y apague de una buena vez la luz. Por eso me estoy tardando más, para que se enoje y de la nada explote en gritos. No es cierto, Manuel no es así y mis párpados se cierran ya irremediablemente. Yo tampoco doy más.

Han sido días largos, pesados, interesantes y activos. Se escucha el murmullo en la otra habitación. Seguramente Andrés y Adrián están peleando de nuevo. Mañana saldremos rumbo a Austria.

Bueno, Manuel ya me regañó de a de veras, debo apagar la luz.


¡Click!




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