08/Jun/01
XI
Londres-Brujas-Amsterdam
Impresionante día el de hoy. Dejamos descerebradamente
temprano Londres. Me voy un poco de pleito con Inglaterra. Como te dije, no es
que no me haya gustado, pero a Londres hay que alcanzarlo: es como si se
tuvieran que hacer una serie de méritos para merecerlo. Quizá estoy contaminado
por lo que me sucedió en migración, pero me sentí muy ajeno a la ciudad, no
obstante tanta maravillosa literatura que he leído de este país y lo familiar
que me resulta todo, pues en América somos muy victorianos. Madrid, Burdeos y
París nos reciberon con una cálida calma. Con un “pásenle, toda esta belleza es
de ustedes, disfrútenla!” y nosotros, tan occidentales, paseamos por las calles
y museos de nuestros antepasados. Pero con Londres no, fue como visitar la casa
de una tía abuela lánguida y sufrida. Que tienes que ser correcto, hipócrita,
tieso y de preferencia invisible.
Cabe destacar que hubo muchas cosas de Londres
que lo hacen estéticamente muy elegante. Como los soldados, claro. Los autos
son de un estilo antiguo que los hace verse lujosos. Las casetas telefónicas
tan peculiares. Los camiones rojos y de dos pisos. Detalles tan británicos, tan
victorianos, tan Siglo XIX.
En fin, dejemos Londres.
Embarcamos nuevamente, ahora de Dover, cruzamos
el Canal de la Mancha y llegamos otra vez a Calais. Hora y media a bordo hasta
arribar a suelo francés. Cuando pisé tierra me sentí en casa, ¡Francia, mi
Francia! Tú sí que me amas. Subimos al camión, tomamos carretera y en muy poco
tiempo llegamos a Bélgica, en donde nos recibió la mejor y más amigable
frontera. Nada de vigilancia, sólo un letrero que decía "Bienvenidos a
Bélgica", ésto, claro, en francés. Y ante tal saludo no pude más que
sonreír con agrado, pues una entrevista más de migración y necesitaré pastillas
para los nervios.
Avanzamos, avanzamos y avanzamos. Por fin el
camión se detuvo para dejarnos en uno de los lugares que más me han
impresionando: Brujas.
Desde niño supe que algún dia conocería Brujas.
Aparece en demasiadas lecturas infantiles, juveniles, es referencia de ciertas
obras de arte. Si alguien sabía que yo iba a conocer Europa, me lo repetían, ve
a Brujas, no te puedes perder Brujas y yo soñaba con ese día. Y ese día ¡Era
hoy!
Brujas. Comienza el paisaje con sus diminutas
casas de piedra, sus puentes apenas circulares y sus vistosos jardines, y casi
de inmediato aparecen los duendes, cruzan los gnomos, se escuchan algunas
pequeñas, bellas y malignas hadas entre los árboles, buscando esparcir su
veneno, en cualquier momento aparecerá un viejo dragón alado, quizá encadenado,
y que seguramente custioda este lago de la derecha, en donde habrá herederos al
trono convertidos en sapos, frágiles princesas transformadas y perdidas entre
la maleza y alguna hechicera dormida en lo hondo del bosque que tiene sus
caminos laberínticos y mágicos. Brujas.
Sólo nos dieron dos horas para conocerlo. Una
verdadera lástima porque realmente es un lugar que invita a explorarlo, a
buscar un árbol, a sentarse, a meditar, a imaginar, a escribir. Y teniendo el
tiempo contando decidimos conocer las más calles posibles y tomar la mayor
cantidad de fotos.
Brujas tiene senderos circulares, rodeados de
paredes hechas con ladrillo café oscuro que le da un aspecto medieval y
fantástico. Hay iglesias y capillas minuciosamente decoradas y pequeñas que de
inmediato provocan un apresurado viaje en el tiempo. Los paisajes continúan:
cristalinos lagos con sus despistados cisnes que andan libremente; puentes
diminutos, tan pequeños, de piedra, que parecen de juguete. Vegetación nórdica,
sauces llorones y demás árboles coloridos, entre café, rojo, anaranjado y
amarillo. Las casas de ladrillo café-chocolate. Cielo despejado y silencio.
Silencio. El silencio de los cisnes. El goteo y murmullo de los arroyos. La
cálida calma de los lagos. Es una paz de fantasía. Era un volver a casa.
Convivir con la naturaleza y la civilización a la vez. Encontrarse a un místico
hechicero y dormir en la orilla del lago para amanecer con una nueva y
brillante armadura. Deshacer algún conjuro, ahuyentar las tinieblas, encontrar
el camino. Brujas. Su virginal silencio. Brujas, tan carente de ruido, en donde
la naturaleza habla.
Como ha venido sucediendo, me quedé atrás con
Manuel y sendero que veíamos, sendero que cruzábamos. Lo mismo pasaba con los
puentes. Yo quería fotografiar absolutamente todo. Casi lo consigo. Brujas de
ser un sueño ahora es un recuerdo. Pero todo lo bello acaba y las dos mugrosas
horas fueron demasiado rápidas. Me despedí con agradecimiento de Brujas. Antes
hice algunas compras, claro.
Y llega ahora un cambio del todo radical. El
otro lado de la moneda. Ciento ochenta grados de diferencia. Incluso mi
vocabulario y modo de expresión cambiarán y eso es porque llegamos a Amsterdam,
en Holanda, nuestro destino final de este día.
Hemos conocido Amsterdam de noche. Sus paisajes
o sitios interesantes seguramente te los platicaré en la carta de mañana. En
ésta, aunque iniciado tarde el recorrido, hay mucho qué comentar. Como quizá
sepas, Amsterdam se forma de molinos, tulipanes, vacas -montones de vacas-,
gallos, gallinas, otra vez molinos, puentes y canales, pero sobretodo está
atestado de ¡Vitrinas!
Resulta que una de las calles principales de
Amsterdam tiene vitrinas en sus paredes. Dentro de cada vitrina, una
prostituta. ¡Pero vaya Barbie! Debo decir que realmente me sorprendieron con su
belleza. Son verdaderamente hermosas. ¡Qué delicia de mujeres venden sus
servicios! Casi todas rubias, ojos azules, verdes y violeta, sonrisas agraciadas
y vistiendo muy sensuales bikinis fosforescente que atrapan, seducen y
enloquecen a cualquiera. ¡Ay! ¡Quiero! Al ser ésta una ciudad sumamente
liberal, la marihuana es legal. La gente la consume tan oronda en la calle y
bebe alcohol con total libertad. Ya ando buscando depas para una próxima
mudanza. Es el paraíso.
La mayoría de las tiendas en esta calle
principal son de y para sexo. Juguetes, curiosidades y diversos espectáculos en
cabinas. Se pagan cinco florines (lo del cambio de monedas, su conversión y
equivalencia, es otra historia aparte que ya te contaré, desgastante y
divertidísima) y entras a una cabina donde presencias el acto sexual en vivo.
Tú escoges: hombre con mujer; mujer con mujer; hombre con hombre; dos hombres
con una mujer; dos mujeres con un hombre. Puedes pagar por los servicios de un
gay o una lesbiana como si de pedir un refresco se tratara. Amsterdam: droga,
sexo y alcohol. Y nadie tiene ningún problema. Qué bien.
En lo particular no uso la pornografía. La vi en
su tiempo pero no me dice nada. He sido en ocasiones criticado por lo que en
ocasiones he escrito, con un muy alto erotismo. No soy quién para opinar de mi
estilo ni de mi literatura, pero lo que intento es recrear una escena altamente
erótica, pero jamás pornografía. Y espero que mis lectores (escasos) logren
entenderlo.
El apasionante lado oscuro de Amsterdam. Qué
cosa tan más interesante. La ciudad la conoceremos mañana y ya te platicaré de
ello. Nos entusiasmamos simiescamente con las vitrinas, pero pasaron las horas
y muy pronto se volvió suficiente.
Buscamos un bar para conocer la cerveza regional,
su noche, sus luces, su música. Bebimos mucho y hablamos poco, pues con tanto
viaje nos sentimos un poco nefasteados. Te habrás dado cuenta que tan sólo en
éste día estuvimos en tres países: Inglaterra, Bélgica y Holanda. Y ya no
contemos las ciudades, porque nos entraría pánico.
Qué día tan más rico y largo.
Pero ya terminó, y esta Carta también.




No hay comentarios:
Publicar un comentario