sábado, 26 de abril de 2014

Carta XI

08/Jun/01

XI


Londres-Brujas-Amsterdam



Impresionante día el de hoy. Dejamos descerebradamente temprano Londres. Me voy un poco de pleito con Inglaterra. Como te dije, no es que no me haya gustado, pero a Londres hay que alcanzarlo: es como si se tuvieran que hacer una serie de méritos para merecerlo. Quizá estoy contaminado por lo que me sucedió en migración, pero me sentí muy ajeno a la ciudad, no obstante tanta maravillosa literatura que he leído de este país y lo familiar que me resulta todo, pues en América somos muy victorianos. Madrid, Burdeos y París nos reciberon con una cálida calma. Con un “pásenle, toda esta belleza es de ustedes, disfrútenla!” y nosotros, tan occidentales, paseamos por las calles y museos de nuestros antepasados. Pero con Londres no, fue como visitar la casa de una tía abuela lánguida y sufrida. Que tienes que ser correcto, hipócrita, tieso y de preferencia invisible.

Cabe destacar que hubo muchas cosas de Londres que lo hacen estéticamente muy elegante. Como los soldados, claro. Los autos son de un estilo antiguo que los hace verse lujosos. Las casetas telefónicas tan peculiares. Los camiones rojos y de dos pisos. Detalles tan británicos, tan victorianos, tan Siglo XIX.

En fin, dejemos Londres.

Embarcamos nuevamente, ahora de Dover, cruzamos el Canal de la Mancha y llegamos otra vez a Calais. Hora y media a bordo hasta arribar a suelo francés. Cuando pisé tierra me sentí en casa, ¡Francia, mi Francia! Tú sí que me amas. Subimos al camión, tomamos carretera y en muy poco tiempo llegamos a Bélgica, en donde nos recibió la mejor y más amigable frontera. Nada de vigilancia, sólo un letrero que decía "Bienvenidos a Bélgica", ésto, claro, en francés. Y ante tal saludo no pude más que sonreír con agrado, pues una entrevista más de migración y necesitaré pastillas para los nervios.

Avanzamos, avanzamos y avanzamos. Por fin el camión se detuvo para dejarnos en uno de los lugares que más me han impresionando: Brujas.

Desde niño supe que algún dia conocería Brujas. Aparece en demasiadas lecturas infantiles, juveniles, es referencia de ciertas obras de arte. Si alguien sabía que yo iba a conocer Europa, me lo repetían, ve a Brujas, no te puedes perder Brujas y yo soñaba con ese día. Y ese día ¡Era hoy!



Brujas. Comienza el paisaje con sus diminutas casas de piedra, sus puentes apenas circulares y sus vistosos jardines, y casi de inmediato aparecen los duendes, cruzan los gnomos, se escuchan algunas pequeñas, bellas y malignas hadas entre los árboles, buscando esparcir su veneno, en cualquier momento aparecerá un viejo dragón alado, quizá encadenado, y que seguramente custioda este lago de la derecha, en donde habrá herederos al trono convertidos en sapos, frágiles princesas transformadas y perdidas entre la maleza y alguna hechicera dormida en lo hondo del bosque que tiene sus caminos laberínticos y mágicos. Brujas.



Sólo nos dieron dos horas para conocerlo. Una verdadera lástima porque realmente es un lugar que invita a explorarlo, a buscar un árbol, a sentarse, a meditar, a imaginar, a escribir. Y teniendo el tiempo contando decidimos conocer las más calles posibles y tomar la mayor cantidad de fotos.



Brujas tiene senderos circulares, rodeados de paredes hechas con ladrillo café oscuro que le da un aspecto medieval y fantástico. Hay iglesias y capillas minuciosamente decoradas y pequeñas que de inmediato provocan un apresurado viaje en el tiempo. Los paisajes continúan: cristalinos lagos con sus despistados cisnes que andan libremente; puentes diminutos, tan pequeños, de piedra, que parecen de juguete. Vegetación nórdica, sauces llorones y demás árboles coloridos, entre café, rojo, anaranjado y amarillo. Las casas de ladrillo café-chocolate. Cielo despejado y silencio. Silencio. El silencio de los cisnes. El goteo y murmullo de los arroyos. La cálida calma de los lagos. Es una paz de fantasía. Era un volver a casa. Convivir con la naturaleza y la civilización a la vez. Encontrarse a un místico hechicero y dormir en la orilla del lago para amanecer con una nueva y brillante armadura. Deshacer algún conjuro, ahuyentar las tinieblas, encontrar el camino. Brujas. Su virginal silencio. Brujas, tan carente de ruido, en donde la naturaleza habla.

Como ha venido sucediendo, me quedé atrás con Manuel y sendero que veíamos, sendero que cruzábamos. Lo mismo pasaba con los puentes. Yo quería fotografiar absolutamente todo. Casi lo consigo. Brujas de ser un sueño ahora es un recuerdo. Pero todo lo bello acaba y las dos mugrosas horas fueron demasiado rápidas. Me despedí con agradecimiento de Brujas. Antes hice algunas compras, claro.



Y llega ahora un cambio del todo radical. El otro lado de la moneda. Ciento ochenta grados de diferencia. Incluso mi vocabulario y modo de expresión cambiarán y eso es porque llegamos a Amsterdam, en Holanda, nuestro destino final de este día.

Hemos conocido Amsterdam de noche. Sus paisajes o sitios interesantes seguramente te los platicaré en la carta de mañana. En ésta, aunque iniciado tarde el recorrido, hay mucho qué comentar. Como quizá sepas, Amsterdam se forma de molinos, tulipanes, vacas -montones de vacas-, gallos, gallinas, otra vez molinos, puentes y canales, pero sobretodo está atestado de ¡Vitrinas!

Resulta que una de las calles principales de Amsterdam tiene vitrinas en sus paredes. Dentro de cada vitrina, una prostituta. ¡Pero vaya Barbie! Debo decir que realmente me sorprendieron con su belleza. Son verdaderamente hermosas. ¡Qué delicia de mujeres venden sus servicios! Casi todas rubias, ojos azules, verdes y violeta, sonrisas agraciadas y vistiendo muy sensuales bikinis fosforescente que atrapan, seducen y enloquecen a cualquiera. ¡Ay! ¡Quiero! Al ser ésta una ciudad sumamente liberal, la marihuana es legal. La gente la consume tan oronda en la calle y bebe alcohol con total libertad. Ya ando buscando depas para una próxima mudanza. Es el paraíso.  

La mayoría de las tiendas en esta calle principal son de y para sexo. Juguetes, curiosidades y diversos espectáculos en cabinas. Se pagan cinco florines (lo del cambio de monedas, su conversión y equivalencia, es otra historia aparte que ya te contaré, desgastante y divertidísima) y entras a una cabina donde presencias el acto sexual en vivo. Tú escoges: hombre con mujer; mujer con mujer; hombre con hombre; dos hombres con una mujer; dos mujeres con un hombre. Puedes pagar por los servicios de un gay o una lesbiana como si de pedir un refresco se tratara. Amsterdam: droga, sexo y alcohol. Y nadie tiene ningún problema. Qué bien.

En lo particular no uso la pornografía. La vi en su tiempo pero no me dice nada. He sido en ocasiones criticado por lo que en ocasiones he escrito, con un muy alto erotismo. No soy quién para opinar de mi estilo ni de mi literatura, pero lo que intento es recrear una escena altamente erótica, pero jamás pornografía. Y espero que mis lectores (escasos) logren entenderlo.

El apasionante lado oscuro de Amsterdam. Qué cosa tan más interesante. La ciudad la conoceremos mañana y ya te platicaré de ello. Nos entusiasmamos simiescamente con las vitrinas, pero pasaron las horas y muy pronto se volvió suficiente.

Buscamos un bar para conocer la cerveza regional, su noche, sus luces, su música. Bebimos mucho y hablamos poco, pues con tanto viaje nos sentimos un poco nefasteados. Te habrás dado cuenta que tan sólo en éste día estuvimos en tres países: Inglaterra, Bélgica y Holanda. Y ya no contemos las ciudades, porque nos entraría pánico.

Qué día tan más rico y largo.

Pero ya terminó, y esta Carta también.







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