17/Jun/01
XX
Florencia
Estuve en Florencia y no vi el David de Miguel
Ángel. Aquél David enorme. Aquél David de mármol tan famoso y tan perfectamente
bien realizado. Muy blanco, muy grande, muy detallado, no lo vi.
Simple y sencillamente Florencia me ha
fascinado. Como bien dicen, es un museo al aire libre. Todo es arte, ya sea en
arquitectura, escultura o pintura.
Inició el recorrido con una visita panorámica
desde el mirador. Fue como cualquier visita panorámica desde cualquier mirador:
llegas, ves todo, señalas los lugares que te atraen, comentas algo, te tiras un
pedo a escondidas, vuelves a mirar, tomas una o dos fotos, volteas por algo,
comienzas a bobear y en pocos minutos ya estás haciendo otra cosa, menos viendo
la ciudad.
Continuamos el recorrdio a pié cruzando un
hermoso puente diseñado por Miguel Ángel para poder llegar a la Basílica
Florentina, con su gran fachada de mármol en diversos colores para dar una
grata impresión de elegancia. Por fuera es bellísima, pero por dentro no es la
gran cosa. Demasiado austera.
Como suele suceder, me puse de genio. Es común
que cuando me encuentro en un lugar donde he querido estar toda mi vida, me
altero, nefasteo y me pongo de malas. Porque ese instante es un momento que
soñé, que sólo hoy y ahora puedo vivir y porque no está sucediendo lo que
quiero que suceda. Y es que hay tanto y tanto qué ver en Florencia que el
tiempo no nos iba a alcanzar. Y, aunque el tiempo alcanzara, la mente no. Llega
un momento en el que la mente se nubla de tanto museo, los ojos se cierran y
duelen, las piernas arden, el cuello pesa y no es posible continuar.
Para no perder la costumbre del reparto en
equipos, Adrián y Andrés se fueron por su lado, pues están un poco hastiados
del arte. Manuel y yo sí que queríamos buscarlo y verlo. Primero comimos,
encontramos un pequeño restaurante florentino muy típico en donde nos sentamos.
Hemos caminado tanto durante estos días que sin pena pedimos una pizza mediana
cada uno. Dice Manuel que me veo más gordo por tanto pan que nos han dado, pero
eso es imposible. Yo nunca engordo ni enflaco, siempre estoy igual coma o deje
de comer.
Tras comer y beber un buen vino, nos dirigimos
al Museo Uffizi. Fue desesperante la entrada, pues esperamos aproximadamente
una hora con cuarenta minutos para ingresar en una fila apenas móvil. Fuera de
ahí se encuentra el Perseo de bronce oscuro levantando la cabeza de Medusa
muerta en su mano. Me gusta esa historia. Me gustó la escultura. Me encantó la
película. De modo que le tomé foto.
Una vez dentro del Uffizi, las pinturas: Leonardo y su perfección geométrica y colorida. Raphael y su cálida amabilidad. También tienen ahí la única pintura de Miguel Ángel. Quiero decir, la única realizada en un vastidor, porque vaya que hizo muchísimas pinturas en la Capilla Sixtina del Vaticano, que mañana o pasado veremos. Pero a eso más bien se le llama frescos, pues están hechos en la pared. Esta, por decirlo de otra manera, hasta burda, es la única que sí se puede mover de lugar, es un cuadro, tal cual, aunque redondo. Mismo que causó mucha polémica. La pintura se llama La Sagrada Familia en donde se encuentra la Virgen sentada entre las piernas abiertas de José y pasándose al niño Jesús de brazos a brazos. La cosa es que escandalizó la postura de ambos porque como que salen con mucha confianza, como noviando: José con las piernas abiertas y María sentada en medio de ellas muy oronda. Casi en picnic de la alameda.
Vi a Boticelli, casi toda su obra incluyendo El
Nacimiento de Venus. Es de mis favoritas, por cierto. Esa Venus tan erótica me
hace sentir observado, como si la Afrodita me invitara a entrar en el cuadro
para posar a su lado y dirigirme algunas palabras con esa mirada. Claro que yo
pintado ahí, y de paso desnudo, dejaría en el instante de ser una obra de arte.
Así que como idea es mala maestro Boticelli.
La tarde continuó, pinturas y esculturas. Esculturas y pinturas hasta que terminó el recorrido por el museo. Merecíamos un descanso y decidimos ir por una nieve. Plátano con pistache, elegí. ¡Una delicia!
Hubo también una interesante y lenta procesión
católica que se hace sólo una vez al año. Del baptisterio abrieron las puertas
doradas de Ghibert, de las cuales, Miguel Ángel afirmó que seguramente así eran
las puertas del cielo. Enseguida sacaron dos dedos de San Juan Bautista (según
esto) y toda la gente florentina y creyente se puso a marchar detrás de la
reliquia. Pobres personajes bíblicos, que los dejen descansar. Además, si son
auténticos, ¿Qué hacen dos dedos con dos mil años de antigüedad, momificados,
paseando por toda Florencia?
Bueno, no es mi asunto.
Por eso y otras cosas más, Manuel y yo bebimos
una jarra de cerveza esta noche. Porque Florencia nos sorprendió y respiramos
su arte. Sus calles son increíbles. Es un museo gigante. Lástima que cuando
llegamos al David, lo acababan de cerrar, hacía diez minutos que lo habían
cerrado. Y mañana dejamos Florencia demasiado temprano, no habrá David.
No nos quedó otra que ponernos a platicar de fútbol
con una nueva pareja de brasileños que se agregaron en Frankfurt al tour. Al
principio pensamos que él estaba un poco lelo, pues a simple distancia se ve
más bien ñoño, pero ya vemos que no es así: pues él tiene 24 años y su novia
29, vienen juntos y solos. Su novia le pagó el viaje. Ella trabaja y gana bien,
mientras que él se queda en casa estudiando o haciendo cualquier cosa. De lelo no tiene nada, don vivillo.
Se ha vuelto costumbre que mientras escribo, Manuel duerme.
Me siento cansado y tan emocionado por estar en Florencia. Pasear
por sus calles me dejó con un desconocido sentimiento de paz. Lo disfrutaré en
silencio y por eso te dejaré de escribir, pero sólo por esta noche...
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