lunes, 5 de mayo de 2014

Carta XVII

14/Jun/01


XVII


Viena


Objetivo: Recuperar el penacho de Moctezuma que se encuentra en el Museo de Viena.

Estrategias: Que cuatro laguneros entren simuladamente al museo y, desactivando todas las alarmas, lo recuperen y lo regresen a México, que es a donde pertenece.

Posibles consecuencias: Cárcel. No volver a entrar a Austria. No volver a entrar a ningún museo. Que nos felicite Fox.

Lo anterior fue lo que nos propusimos inmediatamente después de saber que los austriacos poseen el penacho del buen Moctezuma dentro de su museo más importante. Debo decir que Viena me ha impresionado. Ha sido una gran sorpresa, no pensé nunca en esta ciudad. Nunca en mi vida. Sabía de su existencia, en clase de Geografía te preguntan:

-¿Capital de Austria?

Y debes de contestar

-Viena.

Pero hasta ahí. Nunca soñé con venir, ni me imaginé estando aquí, ni me habría propuesto visitar éstas tierras jamás, cosa que hubiese sido un gran error. Y horror. Pues la ciudad se nos presentó adornada de palacios, lo que la convierte en un sitio muy "pomposo". Elegancia por doquier, en sus construcciones, calles, parques, etc... La característica de Viena, creo, es que esa elegancia de la que hablo es muy medieval. Las construcciones son grandes, voluminosas, en el mayor de los casos barrocas, ya sucias por el paso del tiempo, lo que las hace ver deliciosamente antiguas.

A eso dedicamos la mañana, a la vista panorámica en el camíon de los lugares más importantes, sitios que nos dejaron impresionados. La tarde nos la dieron libre, aunque sabíamos que teníamos que encontrarnos de nuevo con el tour por la noche para asistir a un concierto, pues qué más haríamos si estamos en la capital de la música.




Y es que la música juega un papel preponderante en este país. Aquí nació Strauss. Mozart en Salzburgo, como te mencioné, que sigue siendo Austria. Y prácticamente todos los genios de la música se han desarrollado en este lugar, al menos en sus estudios o inicios.

Manuel se separó de nosotros, puesto que fue a visitar el museo de Sigmund Freud y nadie de nosotros fue tan cuerdo como para acompañarlo. Mejor Andrés, Adrián y yo nos dirigimos a comer chino. Fue una delicia, además de muy barato. Al salir, caminamos para ver qué encontrábamos, sin planear nada y nos salió todo muy bien, ya que nos topamos con una catedral gótica y una iglesia en forma redonda renacentista. Sorprendentes las dos, cada una muy fiel a su estilo.

He descrito ya muchas iglesias y catedrales en estas Cartas, y no quiero ser repetitivo -y eso que aún falta Italia- pero tampoco puedo dejar de mencionarlas, porque la magnitud y belleza de tales construcciones atrapan e imponen de inmediato.

Al menos a mí sí.

Finalmente Manuel nos alcanzó. Muy feliz él porque vio los aposentos de su santo patrón, ya que es egresado de psicología. Aunque luego nos comentó que no le gusta nada Freud.

El caso es que llegó la hora de ir al museo a llevar a cabo nuestro objetivo de robar el penacho. Pensamos que sería fácil y no lo fue. Sobretodo por el tamaño del museo, que es demasiado grande a como lo pensamos, pues de fuera se ve pequeño.





Iniciamos con escultura Greco-Romana, pero lo dejamos pronto, pues después de Francia quedamos muy llenos de eso. Así que pasamos al salón medieval. Y yo encantado. Sobretodo porque me fascinan las historias de guerreros y caballeros, y ahí estaban muchas armaduras auténticas. Muy viejas y muy macabras. Desde escudos, espadas, sables, picos, cascos, armaduras para caballos y diversos tipos de armas. Todo con algo interesante qué analizar. Un casco con un cuchillo. Una espada con figuras. Escudos de diferentes tamaños y formas.

Me parece sorprendente cómo podían caminar los antiguos guerreros europeos con semejante peso y, más difícil aún, cómo podían pelear y manetnerse en movimiento. Pero es parte del gran encanto que posee la frialdad de estos objetos tan vivos en su época y tan calmos hoy en estantes para turistas.

Manuel, para no variar, hizo sonar otra alarma, y ahora fue la del museo. Y es que no te lo había contado, pero Manuel ya se ha vuelto el Amo de las Alarmas. Lugar que vamos, hace sonar la alarma. Ya sea en cualquier tienda, sale y suena. En los museos siempre pone una mano donde no debe o traspasa alguna línea láser invisible, y la hace sonar. Nos ha pasado en diferentes ciudades. En esta ocasión, señaló muy de cerca con su dedo una espada y de pronto todo comenzó a sonar. Volteamos aterrados hacia nuestro alrededor, pues nos sentimos culpables y pensamos habían descubierto nuestro real objetivo que era robar el penacho. Pero apenas llegó un guardia, apagó con una llave la alarma y nos invitó a que tuvieramos más cuidado a la hora de acercarnos a los objetos expuestos en la sala. Sin embargo seguíamos sin respirar, la conciencia nos traicionó y balbuceamos sólo algunas palabras para salir rápidamente de ahí. Jé.

Como nuestra búsqueda seguía en pie, en el mapa localizamos el arte indígena y por fin llegamos. Es impresionante en verdad la cantidad y cantidad de objetos aztecas y mayas que tienen los austriacos. ¡Y todo esto no debería estar aquí, son de México! Uno de los objetos que con mayor seguridad tienen es precisamente el penacho. Esta solo en una pared, protegido por un cristal blindado y rayos invisibles. Afortunadamente a Manuel no se lo ocurrió meter el dedo, pues ya sería el colmo, pero seguro lo pensó. Con la iluminación que tiene, el penacho luce y luce bien. Colores verde, azul, rojo y violeta muy brillantes en sus plumas. Aunque me lo imaginaba más grande, es más bien pequeño. En el Museo de Antropología de México tienen una réplica, que es enorme. Y éste, que es el original, es mucho más chico.

No pudimos robarlo. Acaso ni lo intentamos, pues nos conformamos con apreciarlo y comentar muy sorprendidos que hacían tantos objetos mexicanos en este museo. En fin, misión fracasada.

Tristeza en nuestros ojos y corazones ante tal falla. Pasaron 30 o 33 segundos y de inmediato lo olvidamos. Más arqueología mesoamericana: de Perú, Colombia, Bolivia. Seguimos con los esquimales, interesante. Después el arte chino, más interesante aún. Esos dos salones los vimos rápido porque tienen pocos objetos qué enseñar… pero tienen.




Y como ya nos habíamos cansado por lo grande del museo, decidimos salir para irnos al hotel a descansar. Pedimos un taxi, nos enviaron un Mercedes Benz rojo y nos dejó exactamente a la puerta del hotel, que, dicho sea de paso, es un ex palacio. Así que, nosotros muy artistas, nos bajamos del Mercedes rojo, con nuestros lentes oscuros y muy bien vestiditos para entrar en nuestro elegante palacio, cual Jet Sets. (jijijijí)

Dormí dos horas, según Manuel, con ronquidos tenebrosos. Dice que nunca me había escuchado roncar, pero me pidió de favor, casi suplicándome, que no lo volviera a hacer.

Tras la prolongada siesta apenas tuvimos tiempo de ponernos muy "elegantiosos" para asistir al Concierto en uno de los palacios de la música de Viena. La ciudad, como te dije, es la unión de palacios y palacios y palacios. Llegamos finalmente y nos sentamos casi en primera fila. Comenzó Mozart. Después llegó el intermedio, en donde nos regalaron champagne. Siguió Strauss. Y terminó el espectáculo después de dos horas y media.

La Marcha Turca de Mozart me fascina y fue emocionante escucharla con todo este ambiente europeo. De Strauss, por supuesto, El Danubio Azul. Quizá me llegaron porque eran de las pocas que conocía y son de las que pongo casi siempre en mi casa para leer. Mi casa... ¡Snif!

Dentro del Palacio de Música me sentí un poco raro. Llegó un momento en que pensé:

- ¡Dios mío, estoy en Viena presenciando un concierto de Mozart en el Palacio de la Música! ¿Qué demonios estoy haciendo aquí, si yo ni dinero tengo?

No lo pensé por incomodidad. Realmente lo estaba disfrutando, simplemente lo pensé y me aterró la idea por un momento. ¿De dónde venía todo y quién era yo para recibirlo, así, tan orondo? La vida con sus planes son un misterio. Pero salimos muy contentos. Fuimos incluso a cenar unas pizzas deliciosas, pues tenemos que mejorar nuestra condición estomacal, ya que mañana partimos a Italia.

Y así será,

buenas noches.





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