22/Jun/01
XXV
Niza
Este ha sido un día muy raro. Realmente no
hicimos nada relevante. La gran noticia fue, quizá, que me compré una loción.
Yo la escogí. Olí varias, comparé y me decidí por esa. Una loción cara. Mis
primos no lo podían creer, pues en este viaje yo no me he dado lujos de ropa o
moda, pues no tengo presupuesto, pero a lo mejor hicimos tan poco en todo el
día que algo había qué hacer, de modo que compré la loción. Bueno, la compré y
ya. ¿Por qué te tengo que estar explicando? También compré unos lentes para el
sol, pues Andrés se sentó arriba de los míos en el camión y los rompió, de modo
que tuve que reponerlos.
El resto del día fue visitar la playa, beber
cerveza. Beber cerveza, visitar la playa.
Para nuestra sorpresa, algunas mujeres en la
playa no usan top. Están descubiertas cual playa nudista.
Al principio solamente
había señoras de la tercera edad exponiendo sus añejos encantos.
- Mira Adrián, ¿ya viste esa belleza?- dije
señalando a una señora entrada en años que se mostraba cual libre al viento.
- ¡¿En donde?!- respondió esperanzado de ver una
topless de singular manufactura.
- ¡No era!- casi gritó, recriminándome.
- A mi me parece joven- respondí irónicamente.
- ¡Otra belleza!- señaló Andrés.
- ¡Otra allá! - dijo Manuel.
Adrián comenzó a voltear a diestra y siniestra,
aún con toda esperanza de ver en total libertad a mujeres sin top alguno, pues
probablemente está en días de apareamiento.
- ¡No es cierto, no es cierto!- Refunfuñaba
decepcionado.
- Bueno, aquí no hay más que señoras, vámonos a
otro lugar- dijo Manuel
- Necesito ver francesas en topless, ¡por
favor!- comentó Adrián.
- ¡Y yo!- contesté entusiasmado.
Cabe destacar que después tuvimos nuestra
recompensa. Una muy sabrosa y vistosa recompensa. Así que mientras bebíamos,
veíamos. Ellas tiradas al sol, sin nada arriba, dejándose libres. Desinhibidas.
Tostando su piel a orillas del Mediterráneo. Me encantó el espectáculo que nos
regalaron, sus cuerpos tan libres y naturales, sin nada por qué avenrgonzarse,
apenarse, o qué temer.
Horas después, cuando atardecía, Adrián y yo
entramos a otro casino. Ahora fueron 40 francos los que se fueron.
Desaparecieron, se esfumaron. Así son los casinos, despiadados.
No hay mucho qué decir, fue un día para
descansar de la carretera, del camión, de las guías, de los asientos. De
caminar, de conocer y de tanto arte. Día de playa y cerveza. Habíamos hecho, en
cierta manera, una rutina. Y Niza ha roto con esto. Al menos por un día, sí.
Playa, verde, mar, azul, mediterráneo, bikinis,
sol, cerveza, juego, compras, comida, risas, recuerdos, topless, nieve, fotos,
aire, piedras, brisa, descanso....
Así es Niza.
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